Te veo sentada frente al horizonte un cárdeno perfil de cicatrices, el encinar herido por heridas, el tomillo que embriaga los sentidos y una flauta que suena interminable. No volverá, no volverá, lo dice la lágrima que cae de tu ojo, el dolor musical, luminoso de tus huesos. Se deshará tu brava cabellera; se pudrirán tus manos y el recuerdo amoroso que contienen, mas la lágrima de la tarde, eterna durará para negaros, para negaros.