Que me tuviste amor has confesado cuando ya me condenas a tu olvido; no me mataras, no, de aborrecido, dejárasme morir de enamorado.
Haber perdido el bien después de hallado, es peor que no haberle conseguido; no es infeliz quien dicha no ha tenido, sólo aquel que la pierde es desdichado.
¡Oh, nunca yo supiera que me amaste! Pues juzga mi temor, o mi fineza, que tu mudanza es culpa de mi dicha.
bien conozco de ti que te mudaste; pero no sé culpar a tu firmeza, como tengo más cerca a mi desdicha.