Arrebátame, amor, águila esquiva...

Arrebátame, amor, águila esquiva…

Arrebátame, amor, águila esquiva, mátame a desgarrón y a dentellada, que tengo ya la queja amordazada y entre tus garras la intención cautiva.

No finjas más, no ocultes la excesiva hambre de mí que te arde en la mirada. No gires más la faz desmemoriada y muerde de una vez la carne viva.

Batir tu vuelo siento impenetrable, en retirada siempre y al acecho. Tu sed eterna y ágil desafío.

Pues que eres al olvido invulnerable, vulnérame ya, amor, deshazme el pecho y anida en él, demonio y ángel mío.