Callad, amantes, y ocupad el labio con el beso. No pronunciéis palabras vanas mientras se busca vuestro corazón en otro pecho, jadeante y pobre como el vuestro, ya al filo de la aurora.
Cuando te poseí por vez primera tocaban a maitines en el Convento de las Mercedarias. La tiniebla del aire estremecieron repentinos palomos alterados. Titubeante el alma sonreía, sin comprender por qué, en torno a tu cintura. Y luego, hasta la alcoba recién inaugurada, fueron entrando laúdes y alabanzas que mi alma repetía con orgullo suavemente en tu oído.
Callad amantes y ocupad el labio con el beso….
Mediterráneo
Mi cinturón aprieta tu cintura, y tu sonrisa, mi corazón. Sobrevolamos las islas indecibles y a nuestro paso las nubes se disipan. ¿Cómo regresar al beso la armonía sin que la respiración se entrecorte? ¿Cómo planear la noche compartida después de tanta ausencia? Sólo el aire es aliado nuestro porque nuestro deseo es de aire puro. Cuando descendamos a la tierra las alas deberán seguir batiendo: el aire de las alas es nuestro sostén único y las alas del aire nuestro lecho. Desembocan los ríos en los mares azules como en tu pecho desemboca el mar. Abrázame en tus alas para que otro aire no me roce sino tu aliento, del que vivo y muero. Bajo el cielo impalpable hecho de luz y espera, abrázame, amor mío, con tus alas. Abrázame sobre la corrompida ciudad sagrada de los hombres.