Soneto verde

Soneto verde

Cuando en octubre amor por la semilla conspira con abril de la mirada me subyugó una rosa equivocada: si verde corazón, tez amarilla.

De una la noche en otra maravilla -cera ya agraz, ya pluma alabeada- regresó el alba, limpia y afilada, rasgándome de pura la mejilla.

Verde presidio y hondo, verde prado, que a la esperanza indócil alimentas con grama en flor, sonrisa de mi dueño:

suba la muerte y máteme a tu lado, que esmeraldas, cantáridas y mentas me han dispuesto un profundo y verde sueño.