Tú me abandonarás en primavera, cuando sangre la dicha en los granados y el secadero, de ojos asombrados, presienta la cosecha venidera.
Creerá el olivo de la carretera ya en su rama los frutos verdeados. Verterá por maizales y sembrados el milagro su alegre revolera.
Tú me abandonarás. Y tan labriega clareará la tarde en el ejido, que pensaré: Es el día lo que llega.
Tú me abandonarás sin hacer ruido, mientras mi corazón salpica y juega sin darse cuenta de que ya te has ido.