Thistle

Thistle

Y tú ya no estás y sin embargo tus caricias en el aire, Thistle, abrasan todavía ingenuas mi memoria como si fueran tus manos. Y alguno de los piélagos del alma, de mi alma, Thistle, todavía te llama con la voz en el puerto quebrada de las olas. Yo, a pesar de todo, te debo la palabra y todas esa tardes que pasamos sentados al margen de la vida, contándonos las cosas cotidianas y otras que inventamos huyendo del olvido. Pero tú ya no estás, ni siquiera desgarrada por las espinas del frío.

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