Coplas elegíacas

Coplas elegíacas

¡Ay del que llega sediento a ver el agua correr, y dice: la sed que siento no me la calma el beber!

¡Ay de quien bebe y, saciada la sed, desprecia la vida: moneda al tahúr prestada, que sea al azar rendida!

Del iluso que suspira bajo el orden soberano, y del que sueña la lira pitagórica en su mano.

¡Ay del noble peregrino que se para a meditar, después de largo camino en el horror de llegar!

¡Ay de la melancolía que llorando se consuela, y de la melomanía de un corazón de zarzuela!

¡Ay de nuestro ruiseñor, si en una noche serena se cura del mal de amor que llora y canta sin pena!

¡De los jardines secretos, de los pensiles soñados, y de los sueños poblados de propósitos discretos!

¡Ay del galán sin fortuna que ronda a la luna bella; de cuantos caen de la luna, de cuantos se marchan a ella!

¡De quien el fruto prendido en la rama no alcanzó, de quien el fruto ha mordido y el gusto amargo probó!

¡Y de nuestro amor primero y de su fe mal pagada, y, también, del verdadero amante de nuestra amada!