Dos sonetos a Guiomar

Dos sonetos a Guiomar

1. Perdón, Madona del Pilar, si llego…

al par que nuestro amado florentino, con una mata de serrano espliego, con una rosa de silvestre espino.

¿Qué otra flor para ti de tu poeta si no es la flor de la melancolía? Aquí, sobre los huesos del planeta pule el sol, hiela el viento, diosa mía,

¡con qué divino acento me llega a mi rincón de sombra y frío tu nombre, al acercarme el tibio aliento

de otoño el hondo resonar del río! Adiós: cerrada mi ventana, siento junto a mi un corazón… ¿Oyes el mío? * * * * *

2. De mar a mar entre los dos la guerra…

más honda que la mar. En mi parterre, miro a la mar que el horizonte cierra. Tú, asomada, Guiomar, a un finisterre,

miras hacia otro mar, la mar de España que Camoens cantara, tenebrosa. Acaso a ti mi ausencia te acompaña. A mí me duele tu recuerdo, diosa. La guerra dio al amor el tajo fuerte. y es la total angustia de la muerte, con la sombra iracunda de tu llama

y la soñada miel de amor tardío, y la flor imposible de la rama que ha sentido del hacha el corte frío.

El amor y la sierra

Cabalgaba por agria serranía, una tarde, entre roca cenicienta. El plomizo balón de la tormenta de monte en monte rebotar se oía.

Súbito, al vivo resplandor del rayo, se encabritó, bajo de un alto pino, al borde de la peña, su caballo. A dura rienda le tornó al camino.

Y hubo visto la nube desgarrada, y, dentro, la afilada crestería de otra sierra más tenue y levantada

-relámpago de piedra parecía-. ¿Y vio el rostro de Dios? Vio el de su amada. Gritó: ¡Morir en esta sierra fría!