El canto

El canto

Yo escucho los cantos de viejas cadencias que los niños cantan cuando en coro juegan,

y vierten en coro sus almas que sueñan, cual vierten sus aguas las fuentes de piedra:

con monotonías de risas eternas que no son alegres, con lágrimas viejas

que no son amargas y dicen tristezas, tristezas de amores de antiguas leyendas.

En los labios niños, las canciones llevan confusa la historia y clara la pena;

como clara el agua lleva su conseja de viejos amores que nunca se cuentan.

Jugando, a la sombra de una plaza vieja, los niños cantaban…

La fuente de piedra vertía su eterno cristal de leyenda.

Cantaban los niños canciones ingenuas de un algo que pasa y que nunca llega: la historia confusa y clara la pena.

Seguía su cuento la fuente serena; borrada la historia, contaba la pena.