En Córdoba, la serrana...

En Córdoba, la serrana…

En Córdoba, la serrana; en Sevilla, marinera y labradora, que tiene hinchada, hacia el mar, la vela; y en el ancho llano por donde la arena sorbe la baba del mar amargo, hacia la fuente del Duero mi corazón, ¡Soria pura!, se tornaba… ¡Oh, fronteriza entre la tierra y la luna!

¡Alta paramera donde corre el Duero niño, tierra donde está su tierra!

En la desnuda tierra del camino la hora florida brota, espino solitario, del valle humilde en la revuelta umbrosa.

El salmo verdadero de tenue voz hoy torna al corazón, y al labio, la palabra quebrada y temblorosa.

Mis viejos mares duermen; se apagaron sus espumas sonoras sobre la playa estéril. La tormenta camina lejos en la nube torva.

Vuelve la paz al cielo; la brisa tutelar esparce aromas otra vez sobre el campo, y aparece, en la bendita soledad, tu sombra.

¿Eres tú,. Guadarrama, viejo amigo, la sierra gris y blanca, la sierra de mis tardes madrileñas que yo veía en el azul pintada?

Por tus barrancos hondos y por tus cumbres agrias, mil Guadarramas y mil sones vienen cabalgando conmigo, a tus entrañas.

Es una forma juvenil que un día a nuestra casa llega. Nosotros le decimos: ¿por qué tornas a la morada vieja? Ella abre la ventana, y todo el campo en luz y aroma entra. En el blanco sendero los troncos de los árboles negrean; las hojas de sus copas son humo verde que a lo lejos sueña. Parece una laguna el ancho río entre la blanca niebla de la mañana. Por los montes cárdenos camina otra quimera.

Es una tarde cenicienta y mustia, destartalada, como el alma mía; y es esta vieja angustia que habita mi usual hipocondría.

La causa de esta angustia no consigo ni vagamente comprender siquiera; pero recuerdo y, recordando, digo: -Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.