En la desnuda tierra del camino la hora florida brota, espino solitario, del valle humilde en la revuelta umbrosa.
El salmo verdadero de tenue voz hoy torna al corazón, y al labio, la palabra quebrada y temblorosa.
Mis viejos mares duermen; se apagaron sus espumas sonoras sobre la playa estéril. La tormenta camina lejos en la nube torva.
Vuelve la paz al cielo; la brisa tutelar esparce aromas otra vez sobre el campo, y aparece, en la bendita soledad, tu sombra. * * * * *