Un mesón de mi camino. Con un gesto de vestal, tú sirves el rojo vino de una orgía de arrabal.
Los borrachos de los ojos vivarachos y la lengua fanfarrona te requiebran ¡oh varona!
Y otros borrachos suspiran por tus ojos de diamante, tus ojos que a nadie miran. A la altura de tus senos, la batea rebosante llega en tus brazos morenos.
¡Oh, mujer, dame también de beber!