Hacia tierra baja (III)

Hacia tierra baja (III)

Un mesón de mi camino. Con un gesto de vestal, tú sirves el rojo vino de una orgía de arrabal.

Los borrachos de los ojos vivarachos y la lengua fanfarrona te requiebran ¡oh varona!

Y otros borrachos suspiran por tus ojos de diamante, tus ojos que a nadie miran. A la altura de tus senos, la batea rebosante llega en tus brazos morenos.

¡Oh, mujer, dame también de beber!