Huye del triste amor, amor pacato...

Huye del triste amor, amor pacato…

Huye del triste amor, amor pacato, sin peligro, sin venda ni aventura, que espera del amor prenda segura, porque en amor locura es lo sensato.

Ese que el pecho esquiva al niño ciego y blasfemó del fuego de la vida, de una brasa pensada, y no encendida, quiere ceniza que le guarde el fuego.

Y ceniza hallará, no de su llama, cuando descubra el torpe desvarío que pedía, sin flor, fruto en la rama.

Con negra llave el aposento frío de su tiempo abrirá. ¡Despierta cama, y turbio espejo y corazón vacío!

Jardín

Lejos de tu jardín quema la tarde inciensos de oro en purpurinas llamas, tras el bosque de cobre y de ceniza. En tu jardín hay dalias. ¡Malhaya tu jardín!… Hoy me parece la obra de un peluquero, con esa pobre palmerilla enana, y ese cuadro de mirtos recortados… y el naranjito en su tonel… El agua de la fuente de piedra no cesa de reír sobre la concha blanca.