Inventario galante

Inventario galante

Tus ojos me recuerdan las noches de verano, negras noches si luna, orilla al mar salado, y el chispear de estrellas del cielo negro y bajo. Tus ojos me recuerdan las noches de verano. Y tu morena carne, los trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos.

Tu hermana es clara y débil como los juncos lánguidos, como los sauces tristes, como los linos glaucos. Tu hermana es un lucero en el azul lejano… Y es alba y aura fría sobre los pobres álamos que en las orillas tiemblan del río humilde y manso. Tu hermana es un lucero en el azul lejano.

De tu morena gracia de tu soñar gitano, de tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Me embriagaré una noche de cielo negro y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios… De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso.

Para tu linda hermana arrancaré los ramos de florecillas nuevas a los almendros blancos, en un tranquilo y triste alborear de marzo. Los regaré con agua de los arroyos claros, los ataré con verdes junquillos del remanso… Para tu linda hermana yo haré un ramito blanco.

La calle en sombra. Ocultan los caserones…

La calle en sombra. Ocultan los altos caserones el sol que muere; hay ecos de luz en los balcones.

¿No ves, en el encanto del mirador florido, el óvalo rosado de un rostro conocido?

La imagen; tras el vidrio de equívoco reflejo, surge o se apaga como daguerrotipo viejo.

Suena en la calle sólo el ruido de tu paso; se extinguen lentamente los ecos del ocaso.

¡Oh angustia! Pesa y duele el corazón. ¿Es ella No puede ser… Camina… En el azul la estrella.

La muerte

Aquel juglar burlesco que, a son de cascabeles, me mostraba el amargo retablo de la vida, hoy cambió su botarga por un traje de luto y me pregona el sueño alegre de una alegre farsa. Dije al juglar burlesco: queda con Dios y tu retablo guarda. Mas quisiera escuchar tus cascabeles la última vez y el gesto de tu cara guardar en la memoria, por si acaso te vuelvo a ver, ¡canalla!…

La primavera besaba…

La primavera besaba suavemente la arboleda, y el verde nuevo brotaba como una verde humareda.

Las nubes iban pasando sobre el campo juvenil… Yo vi en las hojas temblando las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido, todo cargado de flor -recordé-, yo he maldecido mi juventud sin amor.

Hoy en mitad de la vida, me he parado a meditar… ¡Juventud nunca vivida, quién te volviera a soñar!

La vida hoy tiene ritmo…

La vida hoy tiene ritmo de ondas que pasan, de olitas temblorosas que fluyen y se alcanzan.

La vida hoy tiene el ritmo de los ríos, la risa de las aguas que entre los verdes junquerales corren, y entre las verdes cañas.

Sueño florido lleva el manso viento; bulle la savia joven en las nuevas ramas; tiemblan alas y frondas, y la mirada sagital del águila no encuentra presa…, trema el campo en sueños, vibra el sol como un arpa.

¡Fugitiva ilusión de ojos guerreros que por las selvas pasas a la hora del cenit: tiemble en mi pecho el oro de tu aljaba!

En tus labios florece la alegría de los campos en flor; tu veste alada aroman las primeras velloritas, las violetas perfuman tus sandalias.

Yo he seguido tus pasos en el viejo bosque, arrebatados tras la corza rápida, y los ágiles músculos rosados de tus piernas silvestres entre verdes ramas.

¡Pasajera ilusión de ojos guerreros que por las selvas pasas, cuando la tierra reverdece y ríen los ríos en las cañas! ¡Tiemble en mi pecho el oro que llevas en tu aljaba!

Llamó a mi corazón, un claro día…

Llamó a mi corazón, un claro día, con un perfume de jazmín, el viento.

-A cambio de este aroma, todo el aroma de tus rosas quiero.

-No tengo rosas; flores en mi jardín no hay ya, todas han muerto.

-Me llevaré los llantos de las fuentes, las hojas amarillas y los mustios pétalos.

Y el viento huyó…Mi corazón sangraba… Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?

Me dijo una tarde…

Me dijo una tarde de la primavera: si buscas caminos en flor en la tierra, mata tus palabras y oye tu alma vieja.

Que el mismo albo lino que te vista, sea tu traje de duelo, tu traje de fiesta. Ama tu alegría y ama tu tristeza, si buscas caminos en flor en la tierra.

Respondí a la tarde de la primavera: tú has dicho el secreto que en mi alma reza: yo odio la alegría yo odio a la pena, mas antes que pise tu florida senda, quisiera traerte muerta mi alma vieja.

Melancolía

Tarde tranquila, casi con placidez de alma, para ser joven, para haberlo sido cuando Dios quiso, para tener algunas alegrías…lejos, y poder dulcemente recordarlas.

Es una tarde cenicienta y mustia, destartalada, como el alma mía; y es esta vieja angustia que habita mi usual hipocondría.

La causa de esta angustia no consigo ni vagamente comprender siquiera; pero recuerdo y recordando digo: -Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.

¿Mi amor?

¿Mi amor?…¿Recuerdas, dime, aquellos juncos tiernos lánguidos y amarillos que hay en el cauce seco?…

¿Recuerdas la amapola que calcinó el verano, la amapola marchita, negro crespón del campo?…

¿Te acuerdas del sol yerto y humilde en la mañana, que brilla y tiembla roto sobre una fuente helada?…

¿Mi corazón se ha dormido?…

¿Mi corazón se ha dormido? Colmenares de mis sueños, ¿ya no labráis? ¿Está seca la noria del pensamiento, los cangilones vacíos girando, de sombra llenos?

No, mi corazón no duerme. Está despierto, despierto. ni duerme, ni sueña, mira, los claros ojos abiertos, señas lejanas y escucha a orillas del gran silencio.

Never more

¡Amarga primavera! ¡Amarga luz a mi rincón oscuro! Tras la cortina de mi alcoba, espera la clara tarde bajo el cielo puro. En el silencio turbio de mi espejo miro, en la risa de mi ajuar ya viejo, la grotesca ilusión. Y del lejano jardín escucho un sollozar riente: trémula voz del agua que borbota alegre de la gárgola en la fuente, entre verdes evónimos ignota. Rápida silba, en el azur ingrave, tras de la tenue gasa, si oscura banda, en leve sombra suave, de golondrinas pasa. Lejos miente otra fiesta el campanario, tañe el bronce de luz en el misterio, y hay más allá un plañido solitario cual nota de recóndito salterio. ¡Salmodías de abril, música breve, sibilación escrita en el silencio de cien mares: leve aura de ayer que túnicas agita! ¡Espíritu de ayer!, ¡sombra velada, que prometes tu lecho hospitalario en la tarde que espera luminosa!. ¡fugitiva sandalia arrebatada, tenue, bajo la túnica de rosa!


¡Fiesta de abril que al corazón esconde amargo pasto, la campana tañe!… ¡Fiesta de abril!. ..Y el eco le responde un nunca más, que dolorido plañe. Tarde vieja en el alma y virgen: miente el agua de tu gárgola riente, la fiesta de tus bronces de alegría; que en el silencio turbio de mi espejo ríe, en mi ajuar ya viejo, la grotesca ilusión. Lejana y fría sombra talar, en el abril de ocaso tu doble vuelo siento fugitivo, y el paso de tu sandalia equívoca en el viento.

Noche de verano

Es una hermosa noche de verano. Tienen las altas casas abiertos los balcones del viejo pueblo a la anchurosa plaza. En el amplio rectángulo desierto, bancos de piedra, evónimos y acacias simétricos dibujan sus negras sombras en la arena blanca. En el cenit, la luna y en la torre la esfera del reloj iluminada. Yo en este viejo pueblo paseando solo, como un fantasma.

Nocturno

A Juan Ramón Jiménez

berce sur l’azur qu’ un vent douce effleure l’arbre qui frissonne et l’oiseau qui pleure. Verlaine

Sobre el campo de abril la noche ardía de gema en gema en el azul… El viento un doble acorde en su laúd tañía de tierra en flor y sideral lamento.

Era un árbol sonoro en la llanura. dulce cantor del campo silencioso. que guardaba un silencio de amargura ahogado en el ramaje tembloroso.

Era un árbol cantor, negro y de plata bajo el misterio de la luna bella, vibrante de una oculta serenata, como el salmo escondido de una estrella.

Y era el beso del viento susurrante, y era la brisa que las ramas besa, y era el agudo suspirar silbante del mirlo oculto entre la fronda espesa.

Mi corazón también cantara el almo salmo de abril bajo la luna clara, y del árbol cantor el dulce salmo en un temblor de lágrimas copiara que hay en el alma un sollozar de oro que dice grave en el silencio el alma, como un silbante suspirar sonoro dice el árbol cantor la noche en calma- si no tuviese mi almo un ritmo estrecho para cantar de abril la paz en llanto, y no sintiera el salmo de mi pecho saltar con eco de cristal y espanto.

Orillas del Duero

Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. Girando en torno a la torre y al caserón solitario, ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno. Es una tibia mañana. El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.

Pasados los verdes pinos, casi azules, primavera se ve brotar en los finos chopos de la carretera y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente. El campo parece, más que joven, adolescente.

Entre las hierbas, alguna humilde flor ha nacido, azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido, y mística primavera!

Chopos del camino blanco, álamos de la ribera, espuma de la montaña ante la azul lejanía, sol del día, claro día! ¡Hermosa tierra de España!

Otoño

El cárdeno otoño no tiene leyendas para mí. Los salmos de las frondas muertas, jamás he escuchado, que el viento se lleva. Yo no sé los salmos de las hojas secas, sino el sueño verde de la amarga tierra.

Otras canciones a Guiomar

A la manera de Abel Martín y de Juan de Mairena

  1. ¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura!

¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar!

En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento;

en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca;

asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia, a traición, ¡siempre tú! Guiomar, Guiomar, mírame en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar.


  1. Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.

  1. Escribiré en tu abanico: te quiero para olvidarte, para quererte te olvido.

  1. Te abanicarás con un madrigal que diga: en amor el olvido pone la sal.

  1. Te pintaré solitaria en la urna imaginaria de un daguerrotipo viejo, o en el fondo de un espejo, viva y quieta, olvidando a tu poeta.

  1. Y te enviaré mi canción: «Se canta lo que se pierde», con un papagayo verde que la diga en tu balcón.

  1. Que apenas si de amor el ascua humea sabe el poeta que la voz engola y, barato cantor, se pavonea con su pesar o enluta su viola; y que si amor da su destello, sola la pura estrofa suena, fuente de monte, anónima y serena. Bajo el azul olvido, nada canta, ni tu nombre ni el mío, el agua santa. Sombra no tiene de su turbia escoria limpio metal; el verso del poeta lleva el ansia de amor que lo engendrara como lleva el diamante sin memoria -frío diamante- el fuego del planeta trocado en luz, en una joya clara…

  1. Abre el rosal de la carroña horrible su olvido en flor, y extraña mariposa. jalde y carmín, de vuelo imprevisible, salir se ve del fondo de una fosa. Con el terror de víbora encelada, junto al lagarto frío, con el absorto sapo en la azulada libélula que vuela sobre el río, con los montes de plomo y de ceniza, sobre los rubios agros que el sol de mayo hechiza, se ha abierto un abanico de milagros -el ángel del poema la ha querido- en la mano creadora del olvido… ……………………………………………

Por qué, decisme, hacia los altos llanos…

¿Por qué, decisme, hacia los altos llanos, huye mi corazón de esta ribera, y en tierra labradora y marinera suspiro por los yermos castellanos?

Nadie elige su amor. Llevome un día mi destino a los grises calvijares donde ahuyenta al caer la nieve fría las sombras de los muertos encinares.

De aquel trozo de España, alto y roquero, hoy traigo a ti, Guadalquivir florido, una mata del áspero romero.

Mi corazón está donde ha nacido, no a la vida, al amor, cerca del duero… ¡El muro blanco y el ciprés erguido!

Proverbios y cantares

  1. Nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción; yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volar bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse.

  2. ¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar?… Todo el que camina anda, como Jesús, sobre el mar.

  3. A quien nos justifica nuestra desconfianza llamamos enemigo, ladrón de una esperanza. Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía que dio a cascar al diente de la sabiduría.

  4. Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender.

  5. Ni vale nada el fruto cogido sin sazón… Ni aunque te elogie un bruto ha de tener razón.

  6. De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad, una mitad es envidia, y la otra, no es caridad.

  7. Yo he visto garras fieras en las pulidas manos; conozco grajos mélicos y líricos marranos… El más truhán se lleva la mano al corazón, y el bruto más espeso se carga de razón.

  8. En preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder.. Y a preguntas sin respuesta ¿quién te podrá responder?

  9. El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia, de ingénita malicia y natural astucia, formó la inteligencia y acaparó la tierra. ¡Y aun la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

  10. La envidia de la virtud hizo a Caín criminal. ¡Gloria a Caín! Hoy el vicio es lo que se envidia más.

  11. La mano del piadoso nos quita siempre honor; mas nunca ofende al damos su mano el lidiador. Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente; escudo, espada y maza llevar bajo la frente porque el valor honrado de todas armas viste: no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste. Que la piqueta arruine, y el látigo flagele; la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste, y que el buril burile, y que el cincel cincele, la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.

  12. ¡Ojos que a luz se abrieron un día para, después, ciegos tornar a la tierra, hartos de mirar sin ver!

  13. Es el mejor de los buenos quien sabe que en esta vida todo es cuestión de medida: un poco más, algo menos…

  14. Virtud es la alegría que alivia el corazón más grave y desarruga el ceño de Catón. El bueno es el que guarda, cual venta del camino, para el sediento el agua, para el borracho el vino.

  15. Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos, de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos… Y entre los dos misterios está el enigma grave; tres arcas cierra una desconocida llave. La luz nada ilumina y el sabio nada enseña. ¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

  16. El hombre es por natura la bestia paradójica, un animal absurdo que necesita lógica. Creó de nada un mundo y, su obra terminada, «Ya estoy en el secreto -se dijo-, todo es nada.»

  17. El hombre sólo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía; y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón.

  18. ¡Ah, cuando yo era niño soñaba con los héroes de la Ilíada! Ayax era más fuerte que Diómedes, Héctor, más fuerte que Ayax, y Aquiles el más fuerte; porque era el más fuerte… ¡Inocencias de la infancia! ¡Ah, cuando yo era niño soñaba con los héroes de la Ilíada!

  19. El casca-nueces-vacías, Colón de cien vanidades, vive de supercherías que vende como verdades.

  20. ¡Teresa, alma de fuego, Juan de la Cruz, espíritu de llama por aquí hay mucho frío, padres, nuestros corazoncitos de Jesús se apagan!

  21. Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba; y soñé que Dios me oía… Después soñé que soñaba.

  22. Cosas de hombres y mujeres, los amoríos de ayer, casi los tengo olvidados, si fueron alguna vez.

  23. No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada; yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.

  24. De diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por la idea.

  25. Las abejas de las flores sacan miel, y melodía del amor, los ruiseñores; Dante y yo -perdón, señores-, trocamos -perdón, Lucía-, el amor en Teología.

  26. Poned sobre los campos un carbonero, un sabio y un poeta. Veréis cómo el poeta admira y calla, el sabio mira y piensa… Seguramente, el carbonero busca las moras o las setas. Llevadlos al teatro y sólo el carbonero no bosteza. Quien prefiere lo vivo a lo pintado es el hombre que piensa, canta o sueña. El carbonero tiene llena de fantasías la cabeza.

  27. ¿Dónde está la utilidad de nuestras utilidades? Volvamos a la verdad: vanidad de vanidades.

  28. Todo hombre tiene dos batallas que pelear: en sueños lucha con Dios; y despierto, con el mar.

  29. Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.

  30. El que espera desespera, dice la voz popular. ¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.

  1. Corazón, ayer sonoro, ¿ya no suena tu monedilla de oro? Tu alcancía, antes que el tiempo la rompa, ¿se irá quedando vacía? Confiemos en que no será verdad nada de lo que sabemos.

  2. ¡Oh fe del meditabundo! ¡Oh fe después del pensar! Sólo si viene un corazón al mundo rebosa el vaso humano y se hincha el mar.

  3. Soñé a Dios como una fragua de fuego, que ablanda el hierro, como un forjador de espadas, como un bruñidor de aceros, que iba firmando en las hojas de luz: Libertad. -Imperio.

  4. Yo amo a Jesús, que nos dijo Cielo y tierra pasarán. Cuando cielo y tierra pasen mi palabra quedará. ¿Cuál fue, Jesús, tu palabra? ¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad? Todas tus palabras fueron una palabra: Velad.

  5. Hay dos modos de conciencia: una es luz, y otra, paciencia. Una estriba en alumbrar un poquito el hondo mar; otra, en hacer penitencia con caña o red, y esperar el pez, como pescador. Dime tú. ¿Cuál es mejor? ¿Conciencia de visionario que mira en el hondo acuario peces vivos, fugitivos, que no se pueden pescar, o esa maldita faena de ir arrojando a la arena, muertos, los peces del mar?

  6. Fe empirista. Ni somos ni seremos. Todo nuestro vivir es emprestado. Nada trajimos; nada llevaremos.

  7. ¿Dices que nada se crea? No te importe, con el barro de la tierra, haz una copa para que beba tu hermano.

  8. ¿Dices que nada se crea? Alfarero, a tus cacharros. Haz tu copa y no te importe si no puedes hacer barro.

  9. Dicen que el ave divina trocada en pobre gallina, por obra de las tijeras de aquel sabio profesor (fue Kant un esquilador de las aves altaneras; toda su filosofía, un sport de cetrería), dicen que quiere saltar las tapias del corralón, y volar otra vez, hacia Platón. ¡Hurra! ¡Sea! ¡Feliz será quien lo vea!

  10. Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales: el ómnibus que arrastran dos pencos matalones, por el camino, a tumbos, hacia las estaciones, el ómnibus completo de viajeros banales, y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero, a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino… Y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?

  11. Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber; lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed.

  12. ¿Dices que nada se pierde? Si esta copa de cristal se me rompe, nunca en ella beberé, nunca jamás.

  13. Dices que nada se pierde, y acaso dices verdad; pero todo lo perdemos y todo nos perderá.

  14. Todo pasa y todo queda; pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

  15. Morir… ¿Caer como gota de mar en el mar inmenso? ¿O ser lo que nunca ha sido: uno, sin sombra y sin sueño, un solitario que avanza sin camino y sin espejo?

  16. Anoche soné que oía a Dios, gritándome: ¡Alerta! Luego era Dios quien dormía, y yo gritaba: ¡Despierta!

  17. Cuatro cosas tiene el hombre que no sirven en la mar: ancla, gobernalle y remos, y miedo de naufragar.

  18. Mirando mi calavera un nuevo Hamlet dirá: He aquí un lindo fósil de una careta de carnaval.

  19. Ya noto, al paso que me torno viejo, que en el inmenso espejo, donde orgulloso me miraba un día, era el azogue lo que yo ponía. Al espejo del fondo de mi casa una mano fatal ya rayendo el azogue, y todo pasa por él como la luz por el cristal.

  20. -Nuestro español bosteza. ¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío? Doctor, ¿tendrá el estómago vacío? -El vacío es más bien en la cabeza.

  21. Luz del alma, luz divina, faro, antorcha, estrella, sol… Un hombre a tientas camina; lleva a la espalda un farol.

  22. Discutiendo están dos mozos si a la fiesta del lugar irán por la carretera o campo atraviesa irán. Discutiendo y disputando empiezan a pelear. Ya con las trancas de pino furiosos golpes se dan; ya se tiran de las barbas, que se las quieren pelar. Ha pasado un carretero, que va cantando un cantar: «Romero, para ir a Roma, lo que importa es caminar; a Roma por todas partes, por todas partes se va.»

  23. Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.

Renacimiento Galerías del alma… ¡El alma niña! Su clara luz risueña; y la pequeña historia, y la alegría de la vida nueva…

¡Ah, volver a nacer, y andar camino, ya recobrada la perdida senda!

Y volver a sentir en nuestra mano, aquel latido de la mano buena de nuestra madre… Y caminar en sueños por amor de la mano que nos lleva. <>

En nuestras almas todo

por misteriosa mano se gobierna. Incomprensibles, mudas, nada sabemos de las almas nuestras.

Las más hondas palabras del sabio nos enseñan, lo que el silbar del viento cuando sopla, o el sonar de las aguas cuando ruedan.

Rosa de fuego

Tejidos sois de primavera, amantes, de tierra y agua y viento y sol tejidos. La sierra en vuestros pechos jadeantes, en los ojos los campos florecidos,

pasead vuestra mutua primavera, y aun bebed sin temor la dulce leche que os brinda hoy la lúbrica pantera, antes que, torva, en el camino aceche.

Caminad, cuando el eje del planeta se vence hacia el solsticio del verano, verde el almendro y mustia la violeta,

cerca la sed y el hontanar cercano, hacia la tarde del amor, completa, con la rosa de fuego en vuestra mano.

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería…

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

Siempre fugitiva y siempre…

Siempre fugitiva y siempre cerca de mí, en negro manto mal cubierto el desdeñoso gesto de tu rostro pálido.

No sé adónde vas, ni dónde tu virgen belleza tálamo busca en la noche. No sé qué sueños cierran tus párpados, ni de quién haya entreabierto tu lecho inhospitalario.

Detén el paso belleza esquiva, detén el paso. Besar quisiera la amarga, amarga flor de tus labios.

Soñé que tú me llevabas…

Soñé que tú me llevabas por una blanca vereda, en medio del campo verde, hacia el azul de las sierras, hacia los montes azules, una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía, tu mano de compañera, tu voz de niña en mi oído como una campana nueva, como una campana virgen de un alba de primavera. ¡Eran tu voz y tu mano, en sueño, tan verdaderas!… Vive, esperanza, ¡quién sabe lo que se traga la tierra!

Una noche de verano…

Una noche de verano -estaba abierto el balcón y la puerta de mi casa- la muerte en mi casa entró. Se fue acercando a su lecho -ni siquiera me miró-, con unos dedos muy finos algo muy tenue rompió. Silenciosa y sin mirarme, la muerte otra vez pasó delante de mí. ¿Qué has hecho? La muerte no respondió. Mi niña quedó tranquila, dolido mi corazón. ¡Ay, lo que la muerte ha roto era un hilo entre los dos!

Voy caminando solo…

Allá, en las tierras altas, por donde traza el Duero su curva de ballesta en torno a Soria, entre plomizos cerros y manchas de raídos encinares, mi corazón está vagando, en sueños…

No ves, Leonor, los álamos del río con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco; dame tu mano y paseemos.

Por estos campos de la tierra mía, bordados de olivares polvorientos, voy caminando solo, triste, cansado, pensativo y viejo.

Y era el demonio de mi sueño, el ángel…

Y era el demonio de mi sueño, el ángel más hermoso. Brillaban como aceros los ojos victoriosos, y las sangrientas llamas de su antorcha alumbraron la honda cripta del alma. -¿Vendrás conmigo? No, jamás; las tumbas y los muertos me espantan. Pero la férrea mano mi diestra atenazaba.

Vendrás conmigo… Y avancé en mi sueño, cegado por la roja luminaria. Y en la cripta sentí sonar cadenas, y rebullir de fieras enjauladas.

Y ha de morir contigo el mundo mago…

Y ha de morir contigo el mundo mago donde guarda el recuerdo los hálitos más puros de la vida, la blanca sombra del amor primero,

la voz que fue a tu corazón, la mano que tú querías retener en sueños, y todos los amores que llegaron al alma, al hondo cielo?

¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo, la vieja vida en orden tuyo y nuevo? ¿Los yunques y crisoles de tu alma trabajan para el polvo y para el viento?

Y no es verdad, dolor, yo te conozco…

Y no es verdad, dolor, yo te conozco, tú eres nostalgia de la vida buena y soledad de corazón sombrío, de barco sin naufragio y sin estrella.

Como perro olvidado que no tiene huella ni olfato y yerra por los caminos, sin camino, como el niño que en la noche de una fiesta

se pierde entre el gentío y el aire polvoriento y las candelas chispeantes, atónito, y asombra su corazón de música y de pena.

así voy yo, borracho melancólico, guitarrista lunático, poeta, y pobre hombre en sueños, siempre buscando a Dios entre la niebla.

Yo escucho los cantos…

Yo escucho los cantos de viejas cadencias, que los niños cantan cuando en corro juegan, y vierten en coro sus almas que sueñan, cual vierten sus aguas las fuentes de piedra: con monotonías de risas eternas, que no son alegres; con lágrimas viejas, que no son amargas, y dicen tristezas, tristezas de amores de antiguas leyendas.

En los labios niños, las canciones llevan confusa la historia y clara la pena; como clara el agua lleva su conseja de viejos amores, que nunca se cuentan.

Jugando, a la sombra de una plaza vieja, los niños cantaban…

La fuente de piedra vertía su eterno cristal de leyenda.

Cantaban los niños canciones ingenuas de un algo que pasa y que nunca llega: la historia confusa y clara la pena.

Seguía su cuento la fuente serena. Borrada la historia, contaba la pena.

Yo voy soñando caminos…

Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!…

¿Adónde el camino irá? Yo voy cantando, viajero, a lo largo del sendero… -La tarde cayendo está-.

En el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día; ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento se queda, mudo y sombrío, meditando. Suena el viento en los álamos del río.

La tarde más se oscurece; y el camino se serpea y débilmente blanquea, se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir: Aguda espina dorada, quién te volviera a sentir en el corazón clavada.