La tarde todavía...

La tarde todavía…

La tarde todavía dará incienso de oro a tu plegaria, y quizás el cenit de un nuevo día amenguará tu sombra solitaria.

Mas no es tu fiesta el Ultramar lejano, sino la ermita junto al manso río; no tu sandalia el soñoliento llano pisará, ni la arena del hastío.

Muy cerca está, romero, la tierra verde y santa y florecida de tus sueños; muy cerca, peregrino que desdeñas la sombra del sendero y el agua del mesón en tu camino.