¡Amarga primavera! ¡Amarga luz a mi rincón oscuro! Tras la cortina de mi alcoba, espera la clara tarde bajo el cielo puro. En el silencio turbio de mi espejo miro, en la risa de mi ajuar ya viejo, la grotesca ilusión. Y del lejano jardín escucho un sollozar riente: trémula voz del agua que borbota alegre de la gárgola en la fuente, entre verdes evónimos ignota. Rápida silba, en el azur ingrave, tras de la tenue gasa, si oscura banda, en leve sombra suave, de golondrinas pasa. Lejos miente otra fiesta el campanario, tañe el bronce de luz en el misterio, y hay más allá un plañido solitario cual nota de recóndito salterio. ¡Salmodías de abril, música breve, sibilación escrita en el silencio de cien mares: leve aura de ayer que túnicas agita! ¡Espíritu de ayer!, ¡sombra velada, que prometes tu lecho hospitalario en la tarde que espera luminosa!. ¡fugitiva sandalia arrebatada, tenue, bajo la túnica de rosa! * * *
¡Fiesta de abril que al corazón esconde amargo pasto, la campana tañe!… ¡Fiesta de abril!. ..Y el eco le responde un nunca más, que dolorido plañe. Tarde vieja en el alma y virgen: miente el agua de tu gárgola riente, la fiesta de tus bronces de alegría; que en el silencio turbio de mi espejo ríe, en mi ajuar ya viejo, la grotesca ilusión. Lejana y fría sombra talar, en el abril de ocaso tu doble vuelo siento fugitivo, y el paso de tu sandalia equívoca en el viento.
Noche de verano
Es una hermosa noche de verano. Tienen las altas casas abiertos los balcones del viejo pueblo a la anchurosa plaza. En el amplio rectángulo desierto, bancos de piedra, evónimos y acacias simétricos dibujan sus negras sombras en la arena blanca. En el cenit, la luna y en la torre la esfera del reloj iluminada. Yo en este viejo pueblo paseando solo, como un fantasma.