Díptico de la espera

Díptico de la espera

Para Carmen Palop

“De este amor mío tan delicadamente idiota… Tan dulce y deliberadamente idiota capaz de hacer llorar a la cuadratura del Círculo…” Rafael Alberti

I Soñaba

Él: miraba a la puerta del Sol esperando su llegada. Y como ella no venía: soñaba.

II Despertaba

Ella: soñaba en su cama que él miraba a la Puerta del Sol esperando su llegada Y como no iba: despertaba.

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Hablando con Oliver Lou

A Paco Señor

Cintura de agua, crepúsculo de arena, algunas barcas dormitan la luz de los pescadores ausentes que beben en el puerto su sueño de mujeres y licor; entre ellos tú, abstraído en la nada, no alcanzas a escucharme. Después tu memoria caerá en un charco y dirás que Itaca es un lejano puerto al que nunca se puede llegar.

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Telaraña

A Lucía Mera

Por entre la luz y el polvo de las esquinas, tú, telaraña de asombro por los recuerdos.

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Tríptico de Buenos Aires

En recuerdo de Alfonsina Storni y Jorge Luis Borges

“De pronto es el amor el que te viene y te llena la sangre de oleaje y grita por tus poros, rebelado, y sube desde el mirto a los cipreses”. Santiago Castelo

I Retorno con aire de ausencia

Para Alba Estrella Gutiérrez

Retorno con aire de ausencia el camino incierto de las calles. Vieja costumbre de acariciar la tarde que apenas aprendo a descifrar en Florida y Lavalle. Miro los ojos de la muchedumbre sin detenerme en la duda o la tristeza. Los semáforos atrapan todos los amarillos posibles de la espera, y ahí estás, tras los espejos, brújula de sueños tragándote todas las esquinas, siempre esperando, siempre buscada. Tomo tu rostro anónimo y roto de soledad le propongo a tus pupilas una ceremonia de búsquedas para esta noche, algo así como un tango de buzos en los hoteles del vino, y me dices que sí, que agitemos la luna y los violines, que nos desnudemos sobre olorosas sábanas y exploremos los caminos, esos que aún tenemos que recorrer en la fiesta-encrucijada de nuestro próximo naufragio.

II Busqué de día

A Enzina Santacroce

Busqué el día en el amanecer de tus ojos la sabiduría del beso en la hora que marcaban tus labios sedientos la espuma de tu verde piel en la cicatriz precisa de una vieja canción de amor.

Alcancé tus rosados pechos desnudo en un asalto de mis dedos alocados y el tiempo brotó en una espiral blanca de campanas en un gemido de relámpagos y nieve.

Abrí tus entrañas vegetales al blanco concierto de la lluvia dibujé en tus muslos con mis dientes mil avenidas de sonrisas y pétalos y al rozar la humedad encendida de tu medialuna de lirios y sangre tus caderas temblaron en un estallido espasmódico de hijos imposibles y de gritos abrazados al tiempo hueco de los espejos.

Agoniza ahora la sombra líquida del sueño sobre la fugaz primavera de nuestros cuerpos y ene sta alborada de hoteles y cansancio las palomas empiezan a recoger el viento de tus besos a borrar tu rostro gesto a gesto y a hacerte ausencia de un solo manotazo.

III Antes del regreso

A Olinda Montenegro de Cibulsky

Aún estoy en Buenos Aires -Waldorf, 315, doble con baño- y tu rostro quiere esfumarse crepuscular derrotado por el horizonte.

Puedo evocar todavía, mientras la maleta se me llena de ausencia y pequeñas muertes compartidas, el olor a vino y vegetal de tu boca entreabierta, la calidez lejana de tu piel de primavera y amianto, la herida imprecisa de tus ojos sedientos, y hasta el lago de abejas, la champaña y el llanto.

Ya los ángeles braman olvido desde el último beso y la orquesta ensaya los colores de la tristeza, ya las calles vacías con el gris perfecto del silencio y la luna esperándome en el puerto.

Mañana podré buscarme nuevamente en otra ciudad de puertas abiertas y calles sin memoria donde posiblemente seguirá creciendo el olvido bajo la nieve dormida de sus montañas.

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Voy despacio

A Paco Señor

Oliver, el grito de la luz que amo se ha callado para siempre.

La soledad me ha desfigurado a golpes de silencio.

He amado una y tantas veces.

He soñado en medio de las noches el poder de las palabras, de los besos.

Todo lo imaginado, ¡todo! pero la luz se ha olvidado que una vez fue ala, garganta y pájaro.

Oliver, me he sumido en el turbio canto de la loca lluvia, de la derrota.

Voy despacio, amigo, muy despacio, buscándote en el puerto, hundiéndome en la sombra.

De “La Ciudad” 2001

De “Desplazados del paraíso” 2003:

I - Paraíso

Un día de estos cuando el tiempo no pase sobre el tiempo Un año de estos cuando el tiempo no sea tiempo Un siglo de estos cuando la nieve no sea invierno ni el amor la primavera entonces podré decir que el Paraíso fue una hermosa ilusión en la mente de Dios.

1 Ese lugar que tú mencionas en tus sueños, sigue ahí, donde siempre estuvo. Pero la lluvia aún no llega para lavar las cenizas ni la sangre coagulada de lo que fuera el dintel de tu casa.

2 Mi madre me daba besos y mi padre libros; así me iba la infancia, navegando en sueños.

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II - La huida

Ya los griegos pensaron que un remo contra el agua es una alucinación de los esclavos, ¿quién no hasido mordido por un sueño en ropaje de humo? José Antonio Gabriel y Galán “Alguien ha huido”

12 Ella los mira y los espera con paciencia. Ya llegarán. Huyen ellos del dolor y de la muerte. Y así se les van los días (y las noches). Se les va la vida. Fugitivos amantes de recuerdos y rencores.

13 Acostarse lentamente sobre la hierba: a morir o a soñar. Así no más.

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III - La muerte

_Tú, noche, que eres la última entre las últimas flores de la tiniebla, cuyo tallo se empapa aún de las tintas negras del crepúsculo, préstame tu canto abrio de silencio… Nuno Júdice

“Simulación de la muerte”_

23 La muerte es algo más que un canto alrededor de tu cuerpo putrefacto, de tus insatisfechos anhelos y deseos, de tus podridos rencores, de tus sueños insanos y concupiscentes, de tu aguada materia de tercas obsesiones. La muerte. La muerte no es la imagen que de ti guardarán los que te arrullan con su treno monocorde y basto, no es el túmulo mineral y licuescente en que te irás convirtiendo, no es la nada que tú tanto temías o el todo que tanto esperabas. La muerte.

24 La muerte es y no es, la muerte. La muerte es lo que es. La muerte.

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IV - Tocando a las puertas

Cuando deseamos la nada, estamos inventando el olvido. Mas esto nos es dable contemplar en el borroso espejo de la vida. Francisco Brines “Identificación en un espejo”

28 Esta calleja da a un prostíbulo con olor a néctar y a perfumes turbios. La miro de frente, pero se escabulle en el reverbero de las sombras. Pasa a mi lado y no la siento. ¡Qué ciego estoy!

29 Muchachas de sonrisa vaga y labios audaces, esperan en los muros. Sus piernas desnudas son blanquísimas a la luz amarillenta de las farolas de la medianoche. Marineros, soldados y beodos pasan en lujuriosa procesión ante sus altares. Rezan canciones tristes de amores idos y dolores presentidos. Pecarían por unas monedas, pero en el fondo siguen esperando a ese rubio muchacho que un día les mostró el camino de Europa y les prometió volver para enseñarles el sentido equívoco de los vientos contrarios.

32 Es una locura caminar por estas calles, así, tan peligrosamente. pero a eso me obligas, buscándote, mujer, sin esperanza.

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V - Perdido amor

Porque seremos eso Vivos jamás muertos Enamorados Pere Gimferrer

“Mascarada”

34 El amor es eterno mientras dura, dijo el poeta con sabia hondura; y siendo nosotros mariposas, arañas o mosquitos -lo que es leve y fugaz-, ¿cuánto durará esta eternidad que ya nos desborda y hastía?

36 Ella cantaba un fado. Y las luces mortesinas del amanecer, -desnudas sobre su cuerpo-, temblaban. Era la ardiente saudade de aquellas manos ya ausentes.

38 Agonizo. Es mi vida una batalla perdida. ¿Qué puedo decir?, lo he dado todo por ella. Todo. Una herida cerrada es la única huella, y su olvido. Su olvido que se adorna de ínfimos desprecios.

43 Todas las cosas que fueron tuyas ya no son tuyas. Así es. Tan frágil la vida, tan terca la nada.

44 Ese lugar que tú mencionabas en tus delirios, ese país sin nombre del que huiste, ya no es más testigo de tus sueños y juegos preferidos. La lluvia arrasó con todo, con las huellas, las raíces, el amor y los caminos. Ya no hay retorno.

45 ¿Y la mujer que amabas? Las aguas me llevan ciudad adentro, y la dejo atrás, sin nunca irme. Desterrado del paraíso.

De “Desplazados del paraíso” 2003

Busco

Busco a la salida de los días, la noche, y en ella a tus ojos de relámpago. Te busco a ti en el fondo de mi copa, y a nosotros, pensamiento sin nombre, al filo del alba.

De “Antes del regreso”