Cuando deseamos la nada, estamos inventando el olvido. Mas esto nos es dable contemplar en el borroso espejo de la vida. Francisco Brines “Identificación en un espejo”
da a un prostíbulo con olor a néctar y a perfumes turbios. La miro de frente, pero se escabulle en el reverbero de las sombras. Pasa a mi lado y no la siento. ¡Qué ciego estoy!
y labios audaces, esperan en los muros. Sus piernas desnudas son blanquísimas a la luz amarillenta de las farolas de la medianoche. Marineros, soldados y beodos pasan en lujuriosa procesión ante sus altares. Rezan canciones tristes de amores idos y dolores presentidos. Pecarían por unas monedas, pero en el fondo siguen esperando a ese rubio muchacho que un día les mostró el camino de Europa y les prometió volver para enseñarles el sentido equívoco de los vientos contrarios.
caminar por estas calles, así, tan peligrosamente. pero a eso me obligas, buscándote, mujer, sin esperanza.
* * *