Tríptico de Buenos Aires

Tríptico de Buenos Aires

En recuerdo de Alfonsina Storni y Jorge Luis Borges

“De pronto es el amor el que te viene y te llena la sangre de oleaje y grita por tus poros, rebelado, y sube desde el mirto a los cipreses”. Santiago Castelo

I Retorno con aire de ausencia

Para Alba Estrella Gutiérrez

Retorno con aire de ausencia el camino incierto de las calles. Vieja costumbre de acariciar la tarde que apenas aprendo a descifrar en Florida y Lavalle. Miro los ojos de la muchedumbre sin detenerme en la duda o la tristeza. Los semáforos atrapan todos los amarillos posibles de la espera, y ahí estás, tras los espejos, brújula de sueños tragándote todas las esquinas, siempre esperando, siempre buscada. Tomo tu rostro anónimo y roto de soledad le propongo a tus pupilas una ceremonia de búsquedas para esta noche, algo así como un tango de buzos en los hoteles del vino, y me dices que sí, que agitemos la luna y los violines, que nos desnudemos sobre olorosas sábanas y exploremos los caminos, esos que aún tenemos que recorrer en la fiesta-encrucijada de nuestro próximo naufragio.

II Busqué de día

A Enzina Santacroce

Busqué el día en el amanecer de tus ojos la sabiduría del beso en la hora que marcaban tus labios sedientos la espuma de tu verde piel en la cicatriz precisa de una vieja canción de amor.

Alcancé tus rosados pechos desnudo en un asalto de mis dedos alocados y el tiempo brotó en una espiral blanca de campanas en un gemido de relámpagos y nieve.

Abrí tus entrañas vegetales al blanco concierto de la lluvia dibujé en tus muslos con mis dientes mil avenidas de sonrisas y pétalos y al rozar la humedad encendida de tu medialuna de lirios y sangre tus caderas temblaron en un estallido espasmódico de hijos imposibles y de gritos abrazados al tiempo hueco de los espejos.

Agoniza ahora la sombra líquida del sueño sobre la fugaz primavera de nuestros cuerpos y ene sta alborada de hoteles y cansancio las palomas empiezan a recoger el viento de tus besos a borrar tu rostro gesto a gesto y a hacerte ausencia de un solo manotazo.

III Antes del regreso

A Olinda Montenegro de Cibulsky

Aún estoy en Buenos Aires -Waldorf, 315, doble con baño- y tu rostro quiere esfumarse crepuscular derrotado por el horizonte.

Puedo evocar todavía, mientras la maleta se me llena de ausencia y pequeñas muertes compartidas, el olor a vino y vegetal de tu boca entreabierta, la calidez lejana de tu piel de primavera y amianto, la herida imprecisa de tus ojos sedientos, y hasta el lago de abejas, la champaña y el llanto.

Ya los ángeles braman olvido desde el último beso y la orquesta ensaya los colores de la tristeza, ya las calles vacías con el gris perfecto del silencio y la luna esperándome en el puerto.

Mañana podré buscarme nuevamente en otra ciudad de puertas abiertas y calles sin memoria donde posiblemente seguirá creciendo el olvido bajo la nieve dormida de sus montañas.

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