Carpe Diem

Carpe Diem

Qué dispendioso pulular de nombres, de ateridas esperas mientras la madrugada difuminaba taxis en una sucia niebla. Qué lástima de tiempo barajando naipes ya de textura ala de mosca cuando el sol meridiano, más de un punto granado, no sabe de demoras, admite alistamientos sin requisito alguno, por ahogado de sombra que llegue el aspirante, para entregar a cambio manos como paneles, ríos de campanillas, zureos de palomas, terco mundo presente, que fulgura y se esfuma tan tranquilo, negándose de plano -y con cuánto derecho- al deshonesto oficio de pañuelo de lágrimas.

“Horizontes desde la rada” 1983