Crónica fabulosa de Fernando Pessoa

Crónica fabulosa de Fernando Pessoa

murió el oficinista tenía una hinchazón horrible paperas de diagnóstico turbio un diván gayo papeles esparcidos por todos los alvéolos de su historia un jijo de cartón grifos corriendo que erizaban el vello de los brazos murió fumando erraba ciertas noches por claveles de tinta por finos mecanismos guarnecidos de piel por sellos antigripe acompañados de un certificado inusitadas pirámides de polvo hallaron un orinal debajo de su mesa postales pornográficas de indescriptible alcance un libro muy oscuro sobre el maestro eckhart una alcancía llena de coñac según los más veraces testimonios solía mirar al alba los enormes delfines las joyas y los cuernos que trajeron de goa una rodela del gran navegante botes de humo mazmorras para herejes los despuntes del día le cogían en éxtasis se llevaban su abrigo de mezclilla a su aterrador paraguas su personalidad que vaya usted a saber y otra vez -sol muy tibio gaviotas- lo devolvían a su inútil despacho mientras doblaban quejumbrosamente las verdes anclas del almirantazgo. “Pautas para conjurados”