Como la tea, que sirvió una vez para alumbrar en el festín de bodas y prender, de la novia, la pira funeraria, con similar presura, desfilaron tus años. Ni siquiera una ráfaga de viento concedió tregua alguna a los instantes que ahora, encadenados, se recuerdan. Fue, asimismo, ilusoria suspensión amar, leer, escribir y viajar. Y embriagarte. “Cordura” 1999