¡Qué delicia escarbar en la pelambre hasta dar con el cuero cabelludo y allí cientos de liendres eruditas ahítas de la sangre eminentísima de talo tal talento alejandrino! Felices con sus propias deyecciones plasman en un papel los grumos últimos. Como un rayo lo imprimen en itálicas, y tras uso de zafa y toalla sucia, y una vez ajustado busto y medias, instalan su real cuerpo en Boulevard Cavafis y les ingresa en cuenta el señor March.
“Horizontes desde la rada” 1983