Hube de subvenir a unos zapatos, perdón, quise decir a unos zapatos que, si se portan bien, yo no los atos- igo con mis lanzadas. A los patos
he echado mis zapatos garabatos desmigándolos bien. O sea, en los tratos con los tenderos pido unos zapatos que no sean caros y no sean baratos.
No me entienden. Me lanzan los ingratos pares de saldo, letras impagadas, miradas de lujuria… Mas, los ratos
que así pierdo, se vuelven sosegadas horas acariciando a mis dos gatos cuando vuelvo a la clínica a patadas.
“Una tromba mortal para los balleneros” 1970 - 1973