Déjame Renunciar a mi vida por esta vida, a mi palabra por la no hablada. T. S. Eliot
Aquí estarás -déjame que invente esta tarde sin ti- entre los utensilios prescindibles, ya de todo segura, con la casa comida por la sal, y reíamos, los cielos sofocantes del verano, aquí desnuda y tuya (y algunos ratos mía) mientras vuelca el sirocco mariposas quemadas, niños mudos, paladas de cárdenos claveles -que tirábamos- porque lo nuestro eran las margaritas pobres, los caminos sin rumbo por el silente barrio hasta encontrar el reto de las panaderías, de las carpinterías con rótulos a mano, de los atardeceres de color amaranto, de las piernas sonámbulas y los ahumados pechos.
Aquí estarás, con la sonrisa tuya entre gorrión mojado y huella del invierno que de pronto nos abre los caminos de junio, los fuegos de San Telmo en la ciudad inviable, mientras, sobre el asfalto, sobre la atroz grisalla insinúas -no dices- que el dentista es de níquel, que la conspiración, de algún modo, hace agua, que tu cuaderno azul se disolvió en el viento, y que los dos zarpamos -abrazados y huérfanos- rumbo al sueño, esa orden opaca e imperiosa, que mañana remite, y allí estás, y aquí yo. “El centro inaccesible” 1975 - 1980