No he de apagar la luz para pensar en ti: a pleno día y ande haciendo lo que haga (deambular por los parques, mirar nubes, contestar a unas cartas, romper versos, retener cuanto graban en el contestador, bromear con el hijo, ver que llueve y apenas lo registran mis calizos terrones pues que la reja de tu sonreír hace días que falta), no afecta a tu presencia cercana o venidera, eje y razón y fuerza y calor míos.
En las encrucijadas más confusas del sueño oscuramente sé de tu vivir. Y cuando la madrugada, a veces, mi dormir interrumpe anunciando borrasca, me oriento por el faro de tu claro vivir siempre al alcance. “Cordura” 1999