Hoy camino hacia el alba

Hoy camino hacia el alba

Sueño. Vivo…

Hoy camino hacia el alba. Sueño. Vivo lo por vivir, revivo lo vivido. Hoy soy el humo manso de las casas el que me eleva el corazón. Hoy nace, dentro de mí, el pueblo. ¡Qué milagro soñar, guardar, sentir tanta blancura, tantas horas gemelas, calles, patios de siempre, tanta oliva de paz, tantos recuerdos, tanta infancia mía ida!

Hoy es la brisa malva de sus campos la que me orea el corazón. Hoy crece su tierra en mí. ¡Qué olor a malvavisco, a romero, a tomillo y a cantueso, qué verde el ceñidor de sus chumberas, qué lento andar uncido el de los bueyes, qué soledad lanar la del rebaño, cuán dorada su mies, cuán pleno el fruto de sus racimos en agraz, sus huertos, su total granazón esperanzada!

Hoy es la sangre antigua de sus gentes la que me puebla el corazón. Hoy late el pueblo en mí. ¡Oh, qué belleza honda la de sus leñadores con el alba, la de su laboriosa artesanía, la de su plaza con su alegre rueda de niñas en la tarde, sus muchachas con la sonrisa en flor; esposas, madres aguardando la hora del regreso tras la pura clausura del visillo y esos ancianos de la barba en nieve trenzando el hilo-pita o la tomiza mientras baja la luna a su azotea!

Llevar un pueblo así entre la carne, con su nube arrollada a la cintura, con palomas y flores, con campanas, con ríos-venas y hacia un mar de dicha, con amigos y surcos y canciones, es encalarse el alma y decir: ¡Vivo!

Allí está el pueblo, aquéllas son sus torres. Sobre mi corazón al fin, crecido bajo mi voz. Qué renovado gozo irse acercando hacia su piedra en vilo, hacia su cal, hacia su nube… Pueblo norte de un sur, ya para siempre mío.