Por ti, mujer divina, en éxtasis levanto las notas que despide mi tétrico rabel; por ti, mujer que enciendes el fuego sacrosanto que al cundir por mis venas enaltece mi ser. Por ti, mujer divina, hermosa luz sin sombra transpórtame a los cielos excelsa beatitud, y quisiera a tus plantas tenderlas por alfombra las trémulas estrellas que brillan en el tul.
Si a Dios por un momento su Fíat arrebatara tan sólo me ocupara de hacerte muy feliz y sin goces al cielo ya la tierra dejara por dártelo ¡divina! por dártelos a ti.
Porque el amor inmenso que dentro el alma brota ese amor le da vida al muerto corazón, así como da vida la transparente gota al pétalo rugado que el viento marchitó
Es tu alma como mi alma, ardiente como fuego y mi alma sin tu alma no puede ya vivir: yo quiero poseerte y condenarme luego, que hasta la eterna gloria despreciara sin ti.
Yo que lloré perdida la luz de la esperanza yo que el horrible cáliz del dolor apuré, aun miro, porque te amo, brillar en lontananza un porvenir de dicha… Eres mi última fe.
Y yo te necesito, así como alimento, así como del agua necesita la flor, así como las aves necesitan del viento, así como la tierra necesita del sol.
Si tomo entre mi mano esa tu mano blanca, y la llevo a mi seno convulso del placer, yo siento que un suspiro del corazón se arranca, suspiro que me lleva de Dios hasta el dosel.
Si vieras que de noche, rendido, abandonado, aunque el sueño me venza, pensando estoy en ti, y tu virgíneo rostro de blanca luz bañado como ángel de mi guarda, le miro junto a mí.
II En ti nada más pensando y tu imagen siempre viendo, y contigo delirando, y en sueños contigo hablando, mi vida estoy consumiendo.
Que mis pensamientos son tuyos, tuya mi existencia, y tuya la pulsación que agita mi corazón con volcánica violencia.
Eres la dicha a que aspiro; eres la luz con que veo; eres aire que respíro; eres la Virgen que admiro; eres el Dios en que creo.
III Y yo , mujer, te juro guardar inmaculado en lo íntimo del alma tu divinal amor; que si tu amor me falta, seré desventurado; y entonces, no lo dudes, me arranco el corazón.