Intérprete feliz del pensamiento. ángel que brillas en la gloria humana, ciñéndole a tu frente soberana la espléndida corona del talento.
Heroína del noble sentimiento, no me admira el laurel que te engalana; porque sé que en la tierra mexicana el genio tiene su mejor asiento.
Sigue de gloria con tu sueño santo y conquista renombre sin segundo en la futura edad, que yo entretanto,
al aplaudirte con afán profundo, diré orgulloso en atrevido canto: nada envidias, ¡oh patria!, al Viejo Mundo.