Una avioneta blanca sobrevuela la costa con su estela de lona casi en blanco. “Anúnciese en el aire”. Desde el apartamento los parasoles verdes, naranjas, morados
hacen que el mar se vista a estas alturas una túnica pop. Se hunde aquel barco centímetro a centímetro, sus tribales quehaceres de antigua pesquería. Este verano
nos deslumbra el blanquísimo poliéster de un yate sobre el puzzle inacabado de un movedizo mar turquesa, malva. Descienden las gaviotas. ¿No está la vida acaso
bajo un inmenso toldo de luz que la protege del ardor del vacío, de su abrazo de las ondas violetas de la muerte, de su quehacer tribal, del viejo pacto? De “Carpe mare” 1996