Fluir en la corriente sagrada de los versos de una noche a otra noche y ser atropellada, ser mordida por la negra belleza que estalla en las palabras.
Y qué saturación sentir el aire de otros mundos, la hoja que temblaba en la lluvia con sol, los astros asomados a la leve escritura, un aroma olvidado de la infancia o un placer sumergido en las aguas más hondas de la vida:
carne que se entreviese -erórico fulgor rosado y denso- bajo el encaje oscuro del poema. De “Problemas de doblaje” 1982