Había oído hablar de las sorprendentes irisaciones de la aurora sobre el mar Jónico cuando se la contempla desde la cima del Etna. Marguerite Yourcenar
No esperé así la vida: el asombro, la ráfaga instantánea de la dicha, la humillación, el tedio.
Pero es que aún la lava del Vesubio nos podría abrasar, o tal vez los milagros de la cima del Etna o la belleza del mar semidivino.
No esperé así la vida: paraísos perdiéndose o batallas perdidas de antemano. De “Poemas para la siesta de Epicuro” 2008