El deseo: nefasta construcción, sin indicios de habitabilidad, que se levanta dentro del cuerpo sin cimientos previos. (¿Quién podía intuir tantos solares aptos y replegados?) El deseo: laberinto con una instalación de alarmas que traicionan. El deseo: laberinto enmarañándose desde un roce de lenguas hasta un mar que inunda islas. Insiste el laberinto. Luces impenetrables y un sopor amarillo van cegando los corredores. No hay monstruo más hermoso que el amor acosado.
De “La metamorfosis incesante” 1994