La noche del eclipse de luna bebías el cobrizo reflejo de la bruma en la marisma. Mil incendios palpitan en la penumbra. Penitencia oculta en una piel de lirio, albero y negro de silencio. Cabalgo al ritmo de mi temor, ruido seco de tambores, -el tiempo humilla con laureles-. En los pantanos suaves el barro cruje como las sienes sin luz de una muchacha. De “La epopeya del laberinto” 2001