Marsella, 1986
Asomado al balcón que soy yo porque te amo, pasas por mis recuerdos igual que se atraviesa una casa vacía. Frente a mi soledad se alza seriamente un viejo panorama de edificios sin luna: luces suaves de esta madrugada con gente triste y niebla en las glorietas. Luces brillantes de la madrugada.
Te quedas en Madrid. A mí me esperan casas cerca del mar, ese cansancio azul de los hoteles, los cuartos alquilados donde alguien ha muerto alguna vez. No pasarán, los días, tan despacio.
Pero vendrán las lluvias, la nostalgia creciendo como crece el amor en épocas de guerra. Alguien recordará, seguramente, el largo invierno del ochenta y seis.
De “El corazón azul del alumbrado” 1991