Roma, 1995
Estamos en invierno y esto es Roma y tú no estás. Yo voy de un lado a otro de tu nombre, lo mismo que un oso en una jaula; marco un número; pongo la radio, escucho una canción de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith igual que un gato en una lavadora.
Estamos en invierno y yo busco un cuchillo; miro la calle; pienso en Pasolini; cojes una naranja con mi mano.
Y esto es Roma. La nieve convierte la ciudad en una parte del cielo, ilumina la noche, deja sobre las casas su ángel multiplicado.
Y tú no estás. Yo cierro una ventana, miro el televisor, leo a Ungaretti, pienso: la distancia es azul, yo soy lo único que hay entre tú y este frío. Estamos en invierno y esta ciudad no es Roma ni ninguna otra parte. Miro atrás y puedo verlo: acabas de apagar una lámpara; has cerrado los ojos y sueñas con un bosque; de repente alargas una mano, buscas una manzana que está en el otro lado de la mujer dormida…
Mientras, yo odio este mundo frío como el infierno y el cansancio que caza lentamente mis ojos; odio al lobo que has puesto en la palabra noche y la forma en que llenas la habitación vacía. Odio lo que veré desde hoy y para siempre: tus pisadas en la nieve de Roma, donde nunca has estado.
De “Todos nosotros” 1998