Este mundo con trenes que, al alejarse, dejan como un escalofrío recorriendo el paisaje. Este mundo con hadas y unicornios que gobiernan mi piel y viven en tus manos.
El mundo que no existe.
Hoy duermes junto a mí y brillas en la noche, estatua blanca en el jardín de un sueño.
Mañana no estarás o serás otra. Mañana, cuando mates ángeles y sirenas. Mañana, cuando quemes nuestros bosques.
Yo me esconderé en ti como un centauro herido: El último centauro, el que recuerda su mundo azul desde una gruta oscura.
Quién será esta mujer a quien hoy doy mi vida.
De “Un caso sencillo” 1989