Qué señor de las noches...

Qué señor de las noches…

Qué señor de las noches, qué guerreros, qué ausentes, qué silencio crecido en un secreto como las ramas y las catedrales cuando la música de marzo tiene la verdad a sus pies. Qué estaciones donde nada hay y ningún mensajero recuerda aquella música lejana, aquellos ojos que brillan en la oscuridad como dos animales vivos. Sobre la niebla, entonces, propagaba su pensamiento y relaciones y analogías relucían semejantes a peces, recuerdos refulgiendo sobre el lomo del mar, huraños pasillos de la memoria, entonces -los últimos sentimientos, negros como la sombra en la bodega, se saben todavía mal interpretados -qué astrolabio y qué brújula, qué viento del noroeste para el sombrío capitán Elphistone, para su mirada cuando saluda a las constelaciones, el Boyero y las Cabrillas contra el incendio de las tempestades o bien qué mueca definitivamente fría como un hueso.