Vendrá la muerte y tendrá tus ojos C. Pavese
Vendrá sin las estrellas lácteas y sin tiranosaurios de luz, maroma umbilical para niños marítimos que se ahorcaron con algas y cabellos oceánicos huyendo en hipocampos de sueño de aquel parto, en la columna vertical mayor, entre jarcias y vértebras.
Pues somos una saga. Oleaje escarlata en delito, y cimas de cianuro, y golpes de cerezo. Pues somos, en mi cuerpo, una saga con luna abdicante, que recuerda colegios, mapas del mundo en otoño, complicadísimas hidrólisis, pero nunca marfil y mediodía.
Colegio: niña que bebía los pomelos directamente en labios de la noche, que juraba acostarse con el miedo en la cama de nadie, que juraba que el miedo la había violado hasta doscientos hijos.
Amor, la niña rusa que comulgaba reno asado Iy bebía liquen. Amor, la niña rusa que leía a Tom Wolfe.
“De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall”1980