V Aquella torturada nube parecía tan firme, ambulando, desgarrando, chocando con masas de ángeles.
Cóncava, valva de nieve y soledad, de trajín y música constante, de arena, de resplandor y fuga, desierto etiope en un tutti de gemidos y sorpresa.
Tan exacta sobre el laberinto de la pupila, color perdido de vieja misiva, terrible silencio de quien ha sacudido el aire y conoce el vado de los sollozos. Continuaba, migradora, llave del torbellino como una gota pura preñada de su propia existencia.