Frente a mí ese rostro lunar. Nariz de plata, pájaros en la frente.
¿Pájaros en la frente?
Y luego hay rojo y todo lo que la tierra olvida. Humedad con poderes de fuego floreciendo tras las negras pestañas. Un rostro en la pared. Detrás del muro, más allá de toda voluntad, más lejos todavía que mirar y callar: ¿qué?
¿Siempre hay algo que romper, abolir o temer? ¿Y al otro lado? ¿Al revés?
Vuela la mano, nace la ínea, vibrante destino, negro destino. Por un instante la melodía es clara, parece eterna la tarde, purísima la sombra del cielo.
Vuelvo otra vez . Pregunto. Tal vez ese silencio dice algo, es una inmensa letra que nos nombra y contiene en su aire profundo. Tal vez la muerte detrás de esa sonrisa sea amor, un gigantesco amor en cuyo centro ardemos.
Tal vez el otro lado existe y es también la mirada y todo esto es lo otro y aquello esto y somos una forma que cambia con la luz hasta ser sólo luz, sólo sombra.