Soñé que veía a San Agustín

Soñé que veía a San Agustín

Soñé que veía a San Agustín Tan vivo como tú y yo, Atravesando a toda velocidad estos cuartos En la más absoluta de las miserias. Con una manta bajo el brazo Y un abrigo de oro macizo Buscando precisamente las almas Que ya habían sido vendidas.

«Despertad, despertad», gritó con fuerza, Con voces desmesuradas «Salid talentudos reyes y reinas Y escuchad mi triste queja. No hay un solo mártir entre vosotros Al que podáis llamar vuestro, Pero seguid vuestro camino con conformidad, y sabed que no estáis solos”.

Soñé que veía a San Agustín, Vivo y echando fuego por la boca Y que yo era uno de los que Le echaron a morir a la calle. Y me desperté encolerizado Tan solo y aterrorizado, Que apoyé los dedos contra el cristal, Y agaché la cabeza y lloré. Colección Visor de poesía 1972 Versión de Antonio Rasines