¿Acaso yo no sé que hundida en las tinieblas, jamás a la luz llegaría, la ignorancia, y que soy un monstruo, y que la dicha de cien mil no me toca más que la falsa felicidad de cien?
¿Y acaso yo no me ligo al quinquenio, no me caigo y levanto con él? Pero, ¿qué voy a hacer con mi caja torácica, y con lo que es más rutinario que toda rutina?
No está bien que en los días del gran consejo, en el que las plazas se han dado a la pasión suprema, se deje la vacante del poeta: ésta es peligrosa, si no está vacía. 1931
Versión de César Astor