Epílogo

Epílogo

Amiga mía, ¿tú preguntas quién ordena que arda el habla del inválido? Vamos a soltar las palabras como un jardín, cuál ámbar y monda: con distracción y generosamente, apenas, apenas, apenas.

No hay que mencionar porqué con tanta ceremonia la rubia y el limón han salpicado las hojas.

Ni a quién lloró en las púas y por las varas se metió en las notas, hacia el estante a través de las persianas.

Ni a quien manchó con serbas la alfombra, tras la puerta, y al lado, palpitantes, las letras en cursiva.

¿Preguntas quién ordena que agosto sea largo, para quién nada es pequeño, y quién da el acabado a las hojas del arce y desde los días del Eclesiastés no ha abandonado su puesto labrando el alabastro?

¿Preguntas quién ordena que los labios de los asteres y lirios de septiembre sufran? ¿Que la hojita del sauce, de las cariátides canosas haya volado a la humedad de las losas de otoñales hospitales?

¿Preguntas quién lo ordena?: El Dios Omnipotente del amor, el de los Yagáilov y las Yadvigas.*

No sé si habrá sido resuelto el enigma de la nada de ultratumba, pero la vida es minuciosa como el silencio otoñal.

*Yagailo y Yadviga: Gran Duque de Lituania y Reina de Polonia, cuyo matrimonio dio comienzo a la unidad polaco-lituana (1386-1572)

Versión de César Astor