Adiós, locura de mis treinta años, besado en julio bajo la luna llena al tiempo de la herida y la azucena. Adiós, mi venda de taparme daños.
Adiós, mi excusa, mi desorden bello, mi alarma tierna, mi ignorante fruta: estrella transitoria que se enluta, esperanza de todo por mi cuello.
Adiós, muchacho de la cita corta; adiós, pequeña ayuda de mi aorta, tristísimo juguete violentado.
Adiós, verde placer, falso delito; adiós, sin una queja, sin un grito. Adiós, mi sueño nunca abandonado.