Traigo el cabello rubio; de noche se me riza. Beso la sed del agua, pinto el temblor del loto. Guardo una cinta inútil y un abanico roto. Encuentro ángeles sucios saliendo en la ceniza.
Cualquier música sube de pronto a mi garganta. Soy casi una burguesa con un poco de suerte: mirando para arriba el sol se me convierte en una luz redonda y celestial que canta…
Uso la frente recta, color de leche pura, y una esperanza grande, y un lápiz que me dura; y tengo un novio triste, lejano como el mar.
En esta casa hay flores, y pájaros, y huevos, y hasta una enciclopedia y dos vestidos nuevos; y sin embargo, a veces… ¡qué ganas de llorar!