Ya tuve esta neblina que pesa como un monte, ya tuve este delirio, ya tuve este fantasma y lo creí persona, ya tuve casi el sueño, y agonicé de pronto sin cerrar la ventana y me quedé dormida con los ojos abiertos.
Bien sabéis que respiro apenas por milagro, que estoy de adiós radiante, de hasta pronto y no vuelvo. Dejadme pues alzar este rato de música, este paisaje breve donde hago maromas, esta ilusión que tiene un misterio imponente.
Dejadme dar la vuelta de la flor contra el viento o ser sencillamente una mujer cualquiera a quien salvó el demonio.