El mar

El mar

Como en un lecho me tendí en el mar. Hechizada por musgos y por linos tuve acoso de brazos peregrinos que me echaban las ondas al pasar.

Contra mi carne se batió el azar. El agua -furia, vértigos y vinos- se entretenía con los bordes finos de mis caderas, blancas de esperar.

Entonces: grave, pálido, insereno, llegaste como llega siempre el mar y tu mirada me rompió este seno.

Ni Dios mismo nos pudo separar: cuando una ola te volvía ajeno entrabas en mis piernas con el mar.