En vez de lágrima

En vez de lágrima

I Hugo Ania Mercier: yo te quería. A tu cuerpo de hombre agonizante que irradiaba dolor como un diamante, a tu paso que insiste todavía,

a tu lengua -clavel de la ironía- que aún esconde callada sed punzante; a tu mano, nerviosa, azul, de amante cuya noche del tiempo siempre es mía;

a tu verso que llora aunque me cante, a tu pila de huesos, insultante, a tu alma cayéndose de fría

que compuso la muerte en un instante: ¿qué les puedo decir, cicatrizante de esa augusta verdad que te envolvía?

II Entre libros te guardo casi seco, mi animal luminoso, mi demente, y tu voz que está viva sigue ausente, mi juguete sin cuerda, mi tareco.

En la paz misteriosa de unos nichos sin querer ya zafarme de tu frente, alelada de amor pero impotente, te he dejado otra vez entre los bichos.

Ah, mi niño de trapo, lis siniestro, no te puedo rezar ni el padrenuestro. Ah, ternura que el diablo siempre arranca,

si tenías la luz que maravilla: ¿por qué huiste de nuevo a la semilla, por qué mataste esa paloma blanca?

III Nos veremos -dijiste- y tu recado de poeta infeliz, tonto profundo, me condena a buscar en otro mundo ese sueño de ayer que no ha pasado.

¿Fue una cita final o fue un aroma que me sigue cuidando las entrañas? ¿Fue este poco de fe con que me bañas; fue, mi hermano de todo, alguna broma?

Ya no tienes la fístula terrible, ya no tienes soriasis ni enfisema ni neurosis ni polio ni agonía.

Ya eres lejos, memoria, no, imposible. estás sano en la gloria del poema. Hugo Ania Mercier: yo te quería.